Españoles al rescate de Bizancio

Traigo aquí a colación esta página de la Historia de España tan poco conocida fuera de Cataluña porque afecta al Imperio de Bizancio y estoy tratando de buscar historias dentro de la historia que tengan que ver con nuestro viaje y, todos vamos a pasar por Estambul, la antigua Constantinopla, capital del Imperio.

Andaba el emperador bizantino Andrónico II Paleólogo bien jodido por la presion que le metían los turcos otomanos avanzando desde Asia menor, comandados por Osmán I, que habían conquistado casi toda Bitinia, y le  habían infligido una terrible derrota a los bizantinos en la batalla de Bafea (1302).

Para salir del atolladero no se le ocurrió mejor cosa que recurrir a unos mercenarios (los mejores ejércitos del momento lo eran), que tenían justificada fama de ser la más terrible y eficaz infantería del momento, los almogávares, tropas de choque de la Corona de Aragón formadas por infantería ligera, activos en el Mediterráneo entre los siglos XII y XIV. Son equivalentes a los entonces llamados peones en Castilla. Sobre el origen del nombre existen diversas teorías: su origen en el árabe المغاور al-mugāwir («el que realiza una expedición») o en المخابر al-mujābir («el portador de noticias»), y finalmente una tercera teoría sostiene que viene del adjetivo gabar, que se traduce como «orgulloso» o «altivo».

Estas tropas estaban integradas principalmente por oficiales aragoneses y catalanes, y una tropa que en su origen estuvo formada por campesinos y pastores oriundos de los valles pirenaicos, y en la época de su mayor actividad procedían de toda la Corona de Aragón, incluidos valencianos, mallorquines, sicilianos, sardos, calabreses, occitanos e incluso griegos y turcos, así como gallegos y asturianos que se unieron a las tropas del rey de Aragón durante la expedición por el imperio bizantino.  Se caracterizaban por ser tropas de choque de infantería que combatían a pie, con armas y bagajes ligeros, generalmente con un par de lanzas cortas (azconas), un cuchillo largo (llamado coltell) y a veces un pequeño escudo redondo como única defensa. Llevaban la barba crecida y vestían pobremente, únicamente un camisón corto (tanto en verano como en invierno), llevaban un grueso cinturón de cuero y calzaban abarcas de cuero. Además siempre llevaban consigo una buena piedra de fuego, con la que antes de entrar en batalla solían golpear sus armas, por lo que estas echaban unas enormes chispas, que unidas a sus terribles gritos, aterrorizaban a sus enemigos. De gran valor y fiereza, entraban en combate al grito de «Desperta Ferro! Matem, matem», «San Jorge!» o «Aragón!».   Sus caudillos más importantes fueron Roger de Flor, Bernat de Rocafort y Berenguer de Entenza.

Almogávares en Mallorca.

Esta es la famosa descripción de un almogávar hecha por Bernat Desclot en su crónica llamada Libro del Rey Pedro de Aragón y de sus antecesores pasados:

Estas gentes que se llaman Almogávares no viven más que para el oficio de las armas. No viven ni las ciudades ni las villas, sino en las montañas y los bosques, y guerrean todos los días contra los Sarracenos: y penetran en tierra de Sarracenos una jornada o dos, saqueando y tomando Sarracenos cautivos; y de eso viven. Y soportan condiciones de existencia muy duras, que otros no podrían soportar. Que bien pasarán dos días sin comer si es necesario, comerán hierbas de los campos sin problema. Y los adalides que los guían conocen el país y los caminos. Y no llevan más que una gonela o una camisa, sea verano o invierno, y en las piernas llevan unas calzas de cuero y en los pies unas abarcas de cuero. Y traen buen cuchillo y buen correa y un eslabón en el cinto. Y trae cada uno una buena lanza y dos dardos, así como una panetera de cuero a la espalda, donde portan sus viandas. Y son muy fuertes y muy rápidos, para huir y para perseguir; y son catalanes y aragoneses y sarracenos. Bernat Desclot, Libre del rei en Pere e dels seus antecessors passats, cap. LXXIX.
Un testimonio de Jerónimo Zurita en sus Anales de Aragón sitúa a los almogávares en época de Alfonso I de Aragón reforzando hacia 1105-1110 la fortaleza de El Castellar con vistas a la conquista de Zaragoza:
Gánase Tahuste. Guarda de almogávares. De allí fue discurriendo más adelante y tomó el lugar de Tahuste junto a las riberas de Ebro; el cual se ganó por la valentía y grande esfuerzo de don Bachalla. Y poco después comenzó a poner gente plática en la guerra y muy ejercitada en ella, que llamaban almogávares, en el Castellar para que estuviesen en frontera contra los moros de Zaragoza. J. Zurita, Anales de Aragón, cap. XLI «De las guerras que el emperador don Alonso [por Alfonso I el Batallador] hizo a los moros»

Los inicios: Península Ibérica y Sicilia

Pero cuando se empieza a tener más noticias de este cuerpo a partir de principios del siglo XIII, en que solían hacer incursiones en tierras musulmanas (de una duración de uno a dos días), estructurados en escuadrones de doce hombres, comandados por un almugaten (del árabe al-mucaddem, «el capitán», «el que dirige») y si era una operación de mayor envergadura por un adalid (del árabe al-dalla, «enseñar el camino», “guía”), de designación real. (muchos términos militares del español provienen del árabe)

Formaban una hueste numerosa,puesto que Pedro III de Aragón (1276-1285) llevó a unos 15.000 en sus expediciones a Túnez y Sicilia, y lucharon también en tierras catalanas durante la Cruzada contra la Corona de Aragón bajo mando de Roger de Lauria, participando en la batalla del collado de las Panizas (en catalán, Coll de Panissars).

Infante contra caballero

Cuentan que, en cierta ocasión, un almogávar fue hecho prisionero por los franceses. El rey franco, intrigado por el romanticismo que envolvía a este cuerpo de españoles asilvestrados, lo mandó traer a su presencia. Para salvar su vida, le propuso una justa con su mejor caballero. Si salía vencedor podría volver con los suyos. El almogávar aceptó sin dudarlo. Sabía que iba a ganar. El francés se presentó sobre su caballo, armado hasta los dientes y protegido por una coraza primorosamente labrada. El español midió la distancia y, antes de que pudiese reaccionar el jinete, alanceó y dió muerte a su caballo. El francés cayó rodando al suelo, donde el almogávar le esperaba chuzo en ristre. Ahí terminó la justa: el rey pidió al vencedor que perdonase la vida al infeliz caballero y el almogávar regresó a casa tan pimpante.

Los almogávares en el Imperio bizantino

Tras combatir en la Reconquista,  fueron requeridos para participar del lado de Federico II de Sicilia (tercer hijo de Pedro III de Aragón, en el conflicto por el control de Sicilia, con la francesa casa de Anjou, en donde fueron decisivos.

Con la  firma de la la paz de Caltabellota (1302), que puso fin a las luchas entre la y la de Aragón, dejando Nápoles para Carlos II de Anjou y Sicilia para Federico, los almogávares se quedaron sin ningún cometido y, como ya había pasado antes en Valencia, por ejemplo,  se convirtieron en un problema, causando desórdenes públicos, pero ante todo eran una fuerza muy poderosa, más leal a su hermano que al mismo Federico, por lo que ingratamente pensó en deshacerse de ellos.

Como no podía combatirles, vio la oportunidad en la llamada de auxilio proveniente del emperador Andrónico II de Bizancio. Animó a los almogávares a acudir en su ayuda y al mando del ex templario Roger de Flor (Brindisi 1266 (?)- Adrianopolis 1305), su comandante, que a su vez  tenía interés en no ser entregado por sus antecedentes en manos de sus adversarios, ya que Federico tenía muy buena relación con la Santa Sede y tuvo miedo de que la orden del Temple lo reclamara.

Se conjugaron así todos los astros y se formó la  Gran Compañía catalana con Roger de Flor al frente, que pidió esposa y el título de Mega Dux, al emperador bizantino, que se lo concedió. La expedición zarpó de Sicilia en el verano de 1302 contando con 32 naves y 2.500 soldados, que, junto con sus mujeres e hijos, contabilizaban un total de 7.000 personas.

Tras su llegada a territorio bizantino, y tras una escaramuza con unos genoveses que deja a 3.000 de ellos muertos, entran en batalla contra los turcos, terminando con la vida de unos 13.000 (todos los varones mayores de diez años, no se hacían prisioneros). Prosiguen obteniendo grandes éxitos en su lucha, tomando Filadelfia, Magnesia (no confundir con la Gimnasia😉 ) y Éfeso, y obligando a los turcos a retirarse en Cilicia y en Tauro. Ramón Muntaner, uno de los integrantes de la expedición, narra en su Crónica de los Almogávares que en la batalla de Monte Tauro se enfrentaron a un ejército de unos 40.000 turcos, que se retiraron tras perder aproximadamente 18.000 hombres.

Sin embargo, luchas de poder y problemas de avituallamiento hacen que se encaminen hacia Tesalia, que un siglo antes había caído en manos de barones francos tras la Cuarta Cruzada, y no había sido recuperada por los emperadores de Nicea al tomar Constantinopla.

En 1304, el emperador de Bizancio nombra césar a Roger de Flor, lo cual fomenta las intrigas palaciegas. Tras pasar el invierno en Gallípoli, planean regresar a su lucha contra los turcos, pero Miguel, hijo del emperador y co-emperador (al que a menudo se conoce como Miguel IX, aunque nunca reinó en su propio nombre) invitó a Roger de Flor a una celebración en su honor en Adrianópolis. Tras los festejos, unos mercenarios alanos contratados para tal efecto asesinan a Roger de Flor y a la guardia que lo acompañaba: era el 4 de abril de 1305. Confiaban que los almogávares, sin líderes, se rindieran, pero estos hicieron justo lo contrario, comienzan la llamada «venganza catalana», arrasan pueblos y aldeas y derrotan a los griegos. Alarmado el Emperador, manda un gran ejército contra ellos, pero los almogávares se alzan con la victoria, matando a unos 26.000 bizantinos. A continuación persiguen a los mercenarios alanos, asesinándolos a todos menos a sus mujeres: 8.700. La venganza fue tan horrible que en historia se conoce como la «venganza catalana», y en Grecia existe un maldición: «¡Ojalá te alcance la venganza catalana!».

Los almogávares y el ducado de Atenas

Terminada su venganza, los almogávares forman un consejo de gobierno (Consell de Dotze) y son contratados por el duque de Atenas para luchar contra los griegos. Sin embargo, una vez realizado el trabajo, el barón franco se niega a pagarles y los almogávares se enfrentan a él, derrotándolo en la batalla del río Cefis (1311) y toman posesión del ducado en nombre de la Corona de Aragón, negándose a devolverlo al teórico legítimo heredero del barón. El Papa los insta a devolver el territorio, pero al negarse, los excomulga en 1318.

En este periodo, los almogávares aprovechan para ampliar sus territorios con Neopatria (las tierras del duque de Tesalia, muerto sin descendencia), pasando estas tierras al control de la Corona de Aragón.

En 1331, un fuerte ejército armado en Francia con el beneplácito del Papa intenta recuperar Atenas, pero es derrotado. Permanecieron en Atenas formalmente fieles a la Corona de Aragón 80 años, hasta 1391, en que fueron desalojados por los genoveses.

El poder marítimo-militar de la corona de Aragón en la Edad Media

Dominios de la corona de Aragón en el Mediaterráneo en el siglo XIV

Para enmarcar en su contexto histórico a los Almogávares hay que entender el enorme poder marítimo-militar que tenía la corona de Aragón en aquella época. La secular tradición comercial y marítima de los reinos costeros de la Corona de Aragón impulsó una expansión hacia todos los rincones del Mediterráneo y más allá, llegando hasta el Atlántico (siglo X). Esta expansión dio como resultado una serie de rutas que partían del puerto de Barcelona hacia todos los puertos conocidos (siglo XIII), su poder se codeaba o iuncluso superaba el de venecianos y genoveses.

En ese sentido, la Corona de Aragón tenía Consulados del Mar por toda Europa, y la compilación de derecho marítimo conocida con el nombre de Libro del Consulado del mar, transcendió las fronteras políticas en todo el Mediterráneo y el levante del Atlántico. El Libro del Consulado del mar, elaborado sobre las bases de las costumbres marítimas mediterráneas, estaba inspirado en las costumbres marítimas de Barcelona, que se perfeccionaron en el Consulat de Mar de Valencia.

Escrito originariamente en catalán, el Libro del Consulado del Mar se tradujo al italiano, francés, inglés, castellano y a otras lenguas ya que durante siglos fue la base de la legislación naval mercantil en numerosos países, incluso en tiempos modernos. El libro incluia como anexo las ordenanzas sobre seguros marítimos de Barcelona de 1435, que fueron las primeras conocidas en el mundo, y la gran difusión del libro ayudo a propagar estas ordenanzas. En varios paises de Europa se siguieron utilizando esas ordenanzas hasta finales del siglo XVIII. En 1874 Sir Traver Twiss lo tradujo al inglés por razones de utilidad, a principios del siglo XX un tribunal norteamericano negó una acción por no estar fundada en el Consolat de Mar, y, aún en Marzo de 1937, el tribunal de apelación de Alejandria citó un capítulo del libro para dictar una sentencia.

Los almogávares en la cultura contemporánea

En estas España de las autonomías, pocos conocen esta historia de difícil e incómoda reivindicación para algunos. Si es conocido en las autonomías del antiguo reino de Aragón, especialmente en Cataluña. Hay calle Roger de Flor al menos en barcelona, Manresa, Valencia y, sorprendentemente, en Madrid.

Además de haber sido rescatados del pasado para ser representados en numerosas comparsas y desfiles de fiestas populares, y de tener cierta repercusión en la Red, los almogávares han inspirado algunas obras de ficción:

En 1958 el escritor Ramón J. Sender escribió y publicó la novela Bizancio, ambientada durante la epopeya almogávar.

En enero de 1995 la hoy en día desaparecida editorial barcelonesa Joc Internacional publicó el juego de rol Almogàvers, creado por Enric Grau. Además de ser el primer juego de rol enteramente redactado en catalán, Almogàvers ambienta su universo de juego en el período de las incursiones almogávares.

En 2006 fue estrenada la película Tirante el Blanco, de Vicente Aranda. A pesar de pertenecer a una época ligeramente posterior a la de los almogávares el personaje de Tirante el Blanco se inspira parcialmente en el jefe almogávar Roger de Flor y la película está históricamente situada en el período de la pérdida de Constantinopla, ciudad de destino habitual de las expediciones almogávares.

Perez Reverte se muestra fascinado con los almogávares en este artículo, publicado en El Semanal el 29/5/2005

Enlaces

Almogavares.net

Los almogávares: ¡desperta ferro! (F. Díaz Villanueva.  Libertad Digital 02/2006)

Almogávares de Europa (foro)

El ATUENDO y las armas de los almogávares

Vídeo de Almogavares bajo la Crónica del soldado almogávar Ramon Muntaner

Almogávares de Almansa

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